Derecha e Izquierda

9319424576_342766d7a2_bPrácticamente desde que tengo uso de razón política, todo suceso, comentario o razonamiento enmarcado en el ámbito político, se ha teñido rápidamente con una categorización en uno de los dos bandos: derecha o izquierda.

Y es que es, la política, uno de esos ámbitos en los que más parece manifestarse esa tendencia humana de agruparnos en bandos, teniendo muy claro quienes son ellos, los otros, y quienes son los nuestros, los buenos. Y como tres o cuatro partidos históricamente han parecido siempre muchos, era necesario simplificar en derecha e izquierda, no sea que nos perdamos.

Esta categorización es doblemente vil; por un lado, porque simplifica y generaliza el espectro de la opinión humana en dos categorías, y por otro, por que adoctrina y compartimentaliza a los votantes. “Elija bando”, parece decir, “decidase”.

Volvemos, una vez más, a la necesidad de simplificar para pertenecer. Si me autodefino de izquierdas, entonces pertenezco a un grupo, tengo un sentido de pertenencia a una tribu que me va a dictar como comportarme políticamente y con que estar de acuerdo y en desacuerdo. Se quienes son mis amigos y quienes mis enemigos.

Y es que en España, no ha habido lugar para la libertad de pensamiento, porque rápidamente intentaremos poner una etiqueta para saber como debemos sentirnos.

– IU es de izquierdas y yo, mire usted, soy de derechas así que en general estoy en contra. ¿De todas las propuestas? No, del partido en general, ¿que propuestas? No las he leido, no le digo que soy de derechas…

– ¿UPYD es de derechas no? Aclaremelo usted rápido por favor que yo soy de izquierdas y necesito saber si simpatizar.

– No, es que se autodefinen de centro.

– Ya, pero ¿de centro derecha o de centro izquierda?

– Y los de ciudadanos a ver si se aclaran que no tengo claro como tengo que sentirme al respecto y así no se puede estar.

Es, en resumidas cuentas, una forma de simplificar el debate político al nivel del borrego. Usted clasifiqueme al partido político en su casillita y digame si es amigo o enemigo para poder aclararme, que no quiero tener que pensar en el programa político ni en las consecuencias.

Es, por tanto, un recurso que se ha utilizado para conducir al electorado a no preocuparse de lo concreto, a no leer el programa y las propuestas, a evitar el debate sobre el fondo y el detalle para transferirlo a la irrelevante superficie.

Es, además, una forma de ahogar el pensamiento crítico porque uno no crítica a su bando y, con ello, de eliminar toda posibiliad de mejora. Porque el juicio crítico require de un análisis mucho más profundo y, sin embargo, estableciendo los bandos se encauza el voto de acuerdo a dos criterios: “a que bando pertenezco” y “estoy mejor o peor que antes”.

Votará el electorado a los suyos o se abstendrá, pero no habrá una crítica profunda, no hay afán de crítica con intención de mejora ni afán de reflexión sobre los por qués. La oveja no abandonará el rebaño en la mayoria de los casos, ni se considera tampoco si el rumbo tomado por el bando propio o el opuesto haya sido beneficioso aunque uno personalmente esté peor y mucho menos si el rumbo es el del otro bando.

Se reduce así el juicio crítico a la defensa a ultranza de los nuestros, muchas veces impermeable a verdaderos escándalos e incansable a la desilusión eterna. Y esta huida hacia adelante es, además, proclive al “y tu más” pues ya se dice, no hay mejor defensa que un buen ataque.

Por supuesto, cuando uno determina dos bandos debe definir unas reglas muy estrictas sobre que es izquierda y que es derecha para que la gente sepa donde ir. Y si uno acepta una cosa tienes que aceptarlo todo, so pena de quedarse fuera. Así se reduce aún más la capacidad del pensamiento constructivo y se mantiene a la oveja en el corral.

– Oiga, yo soy profundamente cristiano y estoy en contra del aborto pero no creo en una economía liberal y estoy profundamente en contra de la reciente reforma laboral.

– Ay!, mire, es que para usted no tenemos nada hoy. Le recomiendo que renuncie a sus principios religiosos, especialmente a lo que viene siendo a el tema del aborto porque hay que aceptarlo para entrar en el club de la izquierda.

– ¿Y en la derecha?

– Ya, pero mire usted, es que eso de que le parezca mal la reforma laboral le excluye, ¿lo entiende usted verdad? Nada personal pero aclarese, o estar en contra del aborto o de la reforma laboral pero no de los dos a la vez… ¿es que está usted loco?

– Oiga, yo soy catalán y…

– Quité, quité no me complique la vida…

Y es que parece que intentamos clasificar para no pensar y se utiliza el mero hecho de permanencia al grupo para intimidar y adoctrinar. No sería la primera vez que observo con relativa sorpresa como se establecen absolutismos para el pensamiento crítico.

“Si piensas eso es que no eres de izquierdas”

Frase que he oido pronunciada en más de una ocasión (o la correspondiente referente a la derecha). Y el problema es que si no eres de izquierdas eres, por definición en nuestro pais, de derechas (y viceversa). Y si uno tampoco está comodo siendo de derechas tiene que elegir y, con tal de pertenecer, aceptar y arropar ideas que no son las suyas.

Y el objetivo es muy sencillo, poder colocar al otro claramente en nuestro bando o en el contrario. Si acaso todo lo demás falla siempre podemos recurrir a independentista o nacionalista, que es muy manido

Es hora de alejarse de los términos de izquierda o derecha porque ya no representan sino herramientas usadas para catalogar en amigos y enemigos. Si alguna vez tuvieron el sentido de clasificar ideas e idelogías en otros tiempos de, quizá menor madurez política, claramente ya no lo tienen. Más que mejorar el dialogo, más que buscar el consenso, no hacen sino enrarecerlo y entorpecerlo.

Izquierda y derecha son términos que han perdido su valor. Centremonos en las propuestas concretas, en los programas, en las intenciones, las palabras dichas y las acciones realmente tomadas. Centremonos en aprender a juzgar y en no clasificar a nadie en “de derechas” o “de izquierdas” de forma que se vean forzados a clasificarse basandose en lo concreto y no lo abstracto.

Aceptemos que lo normal es que no estemos de acuerdo al 100% con ningún partido y que en algunos casos el partido al que votamos no se alinea perfectamente con lo que pensamos pero se alinea más que el resto. Y a partir de ahí, podremos dialogar.

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