La voluntad del pueblo

Election_MG_3455Los resultados electorales del 27 de septiembre dan una clara victoria en escaños a las fuerzas políticas que defendían la opción independentista fruto de la configuración de nuestro actual sistema electoral. El resultado final es de 72 escaños frente a 63, es decir, aproximadamente un 54% vs 46%.

Cuando uno mira el resultado en votos, no obstante, es evidente la victoria de las fuerzas que representan el “no”, con unos porcentajes casi a la inversa.

Si, por un momento, aplicásemos la lógica del sentido común, la de la calle y la buena voluntad, la principal conclusión que uno sacaría sería la obvia con los resultados: que existe una división de opinión evidente en la ciudadanía catalana.

Si nuestros políticos fueran sensatos y capaces se pararían a interpretar el resultado electoral a fin de interpretar la voluntad del pueblo (que no es ni más ni menos que su función principal) en lugar de hacer lecturas parciales y convenientistas a fin de, imagino, justificar su permanencia en el puesto o su insistencia en el error.

Y esto es así porque, con estos datos, la lectura no puede ser otra que la de reconocer la inquietud y el desasosiego de la ciudadanía catalana con el status actual, y su descontento (justificado o no) con su encuadre dentro de España a la vez que se reconoce el hecho de que, en realidad, más de la mitad de la población no desea independizarse y, por tanto, no es una opción a considerar.

Más se considera legitimado a continuar el proceso, lo que es absurdo dados los resultados, Iglesias decía ayer que hemos perdido todos – cuando nadie pierde en unas elecciones democráticas, y menos el pueblo – y el bloque del no se regodea en su mayoría de votos. Política de mirarse el ombligo.

No se si algún día aprenderán los políticos el arte de gobernar para todos, parece que no. Esto nunca ha tratado sobre la voluntad y el sentir del pueblo, nunca fue sobre lo mejor para el pueblo catalán o el pueblo español en su conjunto, sobre construir y establecer lazos de entendimiento, incluso, dentro del propio pueblo catalán que lo necesita. No. Esto vuelve a ser el espectáculo de la política, de lo que mis votos y mis escaños me permiten hacer independientemente de si creo que es lo que quiere el pueblo, de si une o divide, de si crea lazos o los destruye.

Es, de nuevo, un ejercicio de poder y no de gobierno… y así nos va.

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